ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA «EL SUICIDIO: UNA PUERTA FALSA A LA VIDA»

artículos mensuales

Cada mes la Asociación RedAIPIS-FAeDS colgará uno o varios artículos relacionados con el suicidio. Abrimos este proyecto con el artículo El suicidio: Una puerta falsa a la vida escrito por el psiquiatra Alejandro Rocamora Bonilla un profesional experto en  conducta suicida. Alejandro fue vicepresidente de AIPIS y siempre un gran colaborador de esta Asociación. De manera generosa se ha comprometido a escribirnos un artículo a finales de cada mes. Para la Asociación es un honor contar con su colaboración.

Esperamos que los artículos que vayamos colgando sean de vuestro interés y  que de alguna manera nos sirvan a todos para reflexionar y aprender cada día más sobre la conducta suicida. 

 

EL SUICIDIO: UNA PUERTA FALSA A LA VIDA

El suicidio se puede pensar y realizar como “liberación” de los conflictos que invaden al ser humano en ese momento. "No puedo más" o "Estoy harto de sufrir" son algunas de las formulaciones de la persona con ideas suicidas. Se contempla el suicidio como una puerta de salida, dado que la situación personal, familiar o social parece insoportable. No importa tanto lo que se va a encontrar después de la muerte, como lo que se va a dejar: dolor, pena y sufrimiento. Así, lo urgente es librarse del "callejón sin salida" en el que el pre-suicida se encuentra inmerso. Y busca, sobre todo, superar la angustia presente, sin fijarse en lo que puede encontrar detrás del acto voluntario de morir. Pero con ello, lo que en realidad consigue es no encontrar otra alternativa a su problema.

También el suicidio se puede considerar como puerta de entrada a una situación de tranquilidad y sosiego, donde no exista ni la angustia ni el sufrimiento. Entonces no se pone el acento en la vivencia insoportable actual, ni en el deseo de cambio, sino en la búsqueda de un paraíso o felicidad plena (como un intento de volver a esa vivencia gratificante y segura del útero materno). También aquí se da por supuesto, de forma errónea, que el problema es irresoluble y que la única posibilidad es la muerte. Es como querer acceder a un edificio por una ventana.

Frankl (1950)[1], se pone en la piel de la persona que quiere suicidarse y hace mención al concepto de “suicidio balance” descrito por Shneider (1952). No obstante, cuestiona que un balance valorativo de la vida pueda conducir al suicidio, ya que el autor duda que alguna vez ese balance sea tan negativo “que necesariamente haya de considerarse carente de todo significado el seguir viviendo”. También critica la legitimidad del suicidio afirmando que: “Bastaría con que uno solo entre los muchos que intentan suicidarse convencidos de que se encuentran en una situación sin salida no tuviera, a la postre, razón: con que solo uno de estos desdichados, al salvar su vida, encontrarse más tarde la salida en que no creía antes para condenar como ilegítima toda tentativa de suicidio”. (Frank, 1950)[2]

La conducta suicida puede tener un objetivo último: producir un cambio, tanto en sí mismo como en el entorno. El punto de mira no es la situación angustiosa en que se encuentra sino en lo que se desea adquirir: tran­quilidad, paz, felicidad. Es como una puerta giratoria que nos introduce a una situación vivencial más armónica y pla­centera. Por esto, aunque parezca incongruente, podemos afirmar que "el objetivo de matarse es vivir" (Abadi et al. 1973)[3]. Desde esta posición, el suicidio no sería refugiarse en la nada, sino un intento de buscar mayores posibilidades de vida.

El suicidio, pues, se puede considerar una  puerta de salida, puerta de entrada o puerta giratoria, pero siempre es una puerta falsa ante la resolución de un problema.

Alejandro Rocamora Bonilla

 

[1] Frankl, V. (1950). Psicoanálisis y existencialismo. De la psicoterapia a la logoterapia. México: Fondo de Cultura Económica,2ª edición en español, 1978, p. 95

[2] Ibidem, p. 95

[3] Abadi, M; Garma, A.; Garma, E.; Gazzano, AJ. A.; Rolla, E, H. y Yampeya, N. (1973). La fascinación de la muerte. Barcelona: Paidó, p. 15.