CREAR ESPERANZA A TRAVÉS DE LA ACCIÓN. Alejandro Rocamora

ALEJANDRO ROCAMORA, ARTÍCULO ESPERANZA

“Crear esperanza a través de la acción”

Alejandro Rocamora Bonilla

            Es el lema de la OMS para el Día de la Prevención del suicidio de los años 2021, 2022 y 2023

Crear esperanza…

            La esperanza es como el motor de la vida. Nos impulsa hacia el futuro y hace que nuestro presente sea más saludable. Sin esperanza caeríamos en la apatía e indiferencia. Por esto, podríamos afirmar, no que “mientras hay vida hay esperanza”, sino todo lo contrario: “mientras hay esperanza, hay vida”.

            Laín Entralgo (1962)[1] distingue entre la espera y la esperanza. La primera, nos dice el autor, es “constitutiva del ser humano” (nadie no puede no esperar). Así, pues, todo ser humano puede proyectar, desear y mirar al futuro.

            La esperanza, por el contrario, “es un hábito de segunda naturaleza del hombre”, y por lo tanto es preciso desarrollarla para pasar de la potencia al acto. La esperanza, pues, es como una semilla que se debe cuidar y cultivar. De lo contrario no se actualizaría. Eso sí, se puede adquirir, pero también se puede perder.

Este mismo autor (Laín Entralgo, 1993)[2] en otro lugar afirma que el hombre esperanzado se manifiesta en tres dimensiones: esperando por seguir viviendo, seguir siendo el mismo y ser más cada día. Para todo ser humano, excepto para la persona que decide suicidarse, el seguir siendo es un bien. Incluso en las situaciones límites (campos de concentración, fase terminal de un cáncer, etc.) el sujeto puede encontrar un sentido a su vida, que le facilite el seguir viviendo.

También es el deseo de seguir siendo uno mismo, sin ruptura del yo o división, como ocurre en las psicosis, es otra de las “esperanzas” fundamentales de todo ser humano. Y, por último, una espera genuina es “ser más”. Es decir, todo ser humano aspira “a ser más uno mismo, ser más hombre y ser sin límites”  (Laín Entralgo, 1993).[3] Esto se consigue a través de los proyectos.

Así, pues, el hombre no puede no esperar, pues esto forma parte de su constitución, pero si podemos desarrollar o perder la esperanza. Nunca será una pérdida total y absoluta, como nunca conseguiremos un nivel de esperanza máximo. Lo cierto es que el ser humano espera con esperanza o desesperanza.

¿Cómo se adquiere la esperanza? Laín Entralgo (1962)[4] señala tres caminos: la voluntad de entrega (el compromiso con lo que se hace), la voluntad de creación (compromiso con la vocación) y la disposición al sacrificio y el esfuerzo cotidiano (hoy hablaríamos de la “pedagogía de la frustración” como forma de caminar en la adversidad).

Y concluye Laín Entralgo (1962)[5]: “Hácese esperanza la espera cuando, por contraste, el alma sabe llegar al fondo de sí misma a través de todo lo que el cuerpo y el mundo han puesto en ella, y en el seno de la desolación histórica, de la enfermedad o de la angustia descubre que la realidad, más allá del tiempo y de la muerte, mana de un fondo creador, gratuito y obsecuente”.

            Y surgen las preguntas: ¿se puede crear esperanza?  ¿se puede aprender la esperanza?

             Lo que parece claro es que la desesperanza se puede aprender. Así lo ha descrito Seligman, padre de la psicología positiva, con sus experimentos con perros sometidos a diferentes descargas eléctricas. En síntesis, esta teoría (“desesperanza aprendida”) afirma: cuando un ser vivo está expuesto de forma repetida a una situación conflictiva e incontrolable puede desarrollar desesperanza, que se manifiesta por: 1) apatía, indiferencia ante situaciones de sufrimiento, 2) adopta una postura negativa ante la vida y 3) dificulta grandemente que se cambie la situación pues es invadido por el pesimismo. Esta situación puede dar origen a una enfermedad depresiva.

            Del mismo modo, podemos afirmar, que se puede “aprender la esperanza” y, por lo tanto, de alguna manera crear esperanza. Esto va a depender de dos realidades: personalidad del sujeto (su actitud sana ante el éxito o/y el fracaso) y vivir en un medio (familiar y social) que rezume amor y seguridad. Es decir, un “nosotros” fuerte posibilita que el individuo vaya caminando por la senda de la esperanza. Sabiendo eso sí que nunca será absoluta (la esperanza no es certeza) pero tampoco desaparecerá de forma total.

…a través de la acción

            La esperanza, por su propia definición es tener un proyecto y tener confianza que se puede realizar. La esperanza pues implica acción. No es solamente una actitud optimista ante la vida (“todo se solucionará”, “se acabarán los suicidios en nuestro país”) sino que hay que actuar, y poner los medios para conseguirlo.

            En nuestro caso, esto afecta a diferentes niveles. El Estado está obligado a implementar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, que coordine todas las actividades dirigidas a la prevención del suicidio, tanto a nivel familiar, educacional, como a los medios de comunicación para que actúen de forma adecuada en la información de los suicidios. Además, de destinar una partida económica para este fin.

            Los profesionales de la salud, crean esperanza, cuando se preocupan por formarse en la atención de las personas que tienen ideas suicidas y optimizan al máximo los medios institucionales de que disponen.

A nivel personal, cada uno de nosotros, deberíamos intentar mostrar una actitud de acogida hacia las personas que refieren ideas suicidas y posibilitar un tratamiento psicológico inmediato y eficaz.

            De esta forma actualizaremos el lema de la OMS para la prevención del suicidio: crearíamos esperanza a través de la acción.

 

[1] Laín Entralgo, P. (1962). La espera y la esperanza. Madrid: Revista de Occidente, p.477 ss.

[2] Laín Entralgo, P. (1993). Creer, esperar, amar. Valencia: Círculo de Lectores, p.177

[3] Íbidem, p.178

[4] Laín Entralgo, P. (1962). ob. ct. p.182

[5] .Ïbidem, p.592