Dialéctica suicida: miedo a vivir y miedo a morir. Por Alejandro Rocamora Bonilla, mayo 2023)

Alejandro Rocamora, mayo 2023

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Dialéctica suicida: miedo a vivir y miedo a morir

Alejandro Rocamora Bonilla

 

Yalom Irvin David, psiquiatra existencialista, tiene un libro que se titula Mirar al sol y su contenido se refleja en el subtítulo: La superación del miedo a la muerte. El autor parte de un pensamiento del filósofo francés François de la Rochefoucold: “Ni el sol ni la muerte se pueden mirar de frente”. A través de esas páginas Yalom va desgranando su pensamiento sobre la muerte. En definitiva, nos viene a decir, que la muerte, como el sol, siempre está ahí y aunque no podamos mirarlo directamente, todo ser humano sabe que algún día morirá. Pero, además, como el sol alimenta a la vida, la muerte nos enseña a vivir. Es desde nuestra finitud cómo debemos aprender a ser felices y disfrutar de la existencia.

            Algunas personas viven como si nunca fueran a morir, entran en una dinámica de acumular riqueza, cuando la realidad es que la muerte siempre estará al final de nuestro camino. Y otros, por el contrario, se encuentran en permanente angustia porque se sienten morir; incluso existen personas que desafían a la muerte con conductas de alto riesgo o bien ponen su entusiasmo en la recompensa final.

La actitud más saludable es “no mirar al sol” (no estar en angustia permanente) pero sin olvidar que está ahí y es la fuente de la vida y que somos finitos y por lo tanto debemos disfrutar de cada momento de la vida. Aunque es cierto que la muerte nos destruye, su presencia nos indica lo más valioso de la vida: la capacidad de disfrute.

La muerte

El ser humano está inmerso en múltiples situaciones que provocan angustia y miedo. Se puede sentir ansiedad y temor a los espacios cerrados, a las alturas, a lo inespe­rado, etc. pero todas estas ansiedades tienen un núcleo común: el miedo a la destrucción, a la nada.

Dos son los hechos que, de forma radical, producen la aniquilación como persona: la locura y la muerte. En am­bas situaciones lo que se consigue es el paso del "ser" al "no-ser", del "yo" al "yo-alienado". Pero, indudablemente, en la muerte el recorrido es sin retorno, donde no hay posibi­lidad de rectificar, ni de curación.

            La vida ante todo es interés, “querer-llegar-a-ser” (Rojas, 1984)[1]. Todo lo que tiene vida, tiene un proyecto, al menos de existir. La angustia surge porque en lo más profundo de nuestro ser sentimos que no podemos "llegar-a-­ser" (no podemos cumplir nuestros deseos y fantasías), o bien, porque sentimos la amenaza de la muerte o de la locura, como formas de autodestrucción, que nos llevaría a la nada.

            Ambas realidades, vida y muerte, son como las dos caras de una misma moneda, que es la propia existencia. Muerte y vida son dos realidades que están entretejidas. Una no puede existir sin la otra. Donde hay vida, puede haber muerte; y la muerte siempre presupone la existencia de vida. La muerte no es el último instante de la vida (estamos mu­riendo en cada momento); la muerte es un hecho de vida (Yalom, 1984)[2].

            Por esto, podemos considerar a la "muerte como in­grediente necesario del vivir de cada día " (Fernández Martos, 1984)[3]. La muerte, pues, no es el punto final, ni la meta a alcanzar; la muerte forma parte de la propia vida y cada día vivimos y morimos un poco. No son dos realidades excluyentes, sino que cada una de ellas da sentido a la otra. Como decía V. Frankl “la muerte es la que da sentido a la vida”.

            El nacimiento es una salida -liberación de la cárcel o vientre de la madre, como la muerte es una salida del mundo terrenal; en el nacimiento se produce un cambio y una modificación: del placentero hábitat del seno materno a la hostilidad del medio ambiente; también el hecho de morir se puede vivenciar como un tránsito a mejor vida y como garantía de inmortalidad; y por último, el nacimiento es una regresión a la madre tierra, como el morir es una vuelta a un lugar paradisíaco donde no habrá sufrimiento, ni dolor.

Dialéctica suicida

                      

La muerte y la vida son los personajes principales del drama del suicidio (Alonso Fernández, 1985)[4]. Entre esos dos polos (muerte y vida) se desarrolla la conducta suicida; el miedo a vivir y el miedo a morir serían los dos extremos de la dialéctica suicida.

LA DIALECTICA SUICIDA, ART MAYO DE ALEJANDRO

 

El objetivo, pues, es matarse, pero también vivir de otra manera. De aquí que Scheneider (1954)[5] afirmara que "el comportamiento suicida es en primer lugar un acto de vida y no de muerte". La persona que se suicida desea liberarse, cambiar o regresar, pero en el fondo subyace un deseo de vivir.

El suicida, huye de la vida para negar la muerte (Abadi et al. 1973)[6]: " vale decir que huye de la vida... para de este modo, paradójicamente, negar la presencia de la muerte, eliminándola mágica y omnipotentemente, al apelar a la cirugía radical del suicidio".

El suicidio es una de las manera del "afrontamiento de nuestra nada" (Bentue, 1982)[7]. La persona que se suicida, en la encru­cijada del "miedo a vivir" y "miedo a morir", busca una sa­lida a su propia angustia ante la nada. Elige, por un acto voluntario, el momento y las circunstancias de convertirse en nada, de autodestruirse. Es como si con esta fantasía omnipotente de elegir la fecha de la propia muerte estuviera venciendo a la vivencia angustiosa de todo hombre: su pro­pia finitud y contingencia.

Verbalización de la conducta suicida

                El suicidio se puede explicitar con una orientación hacia el rechazo de la vida, o por una aproximación hacia la muerte.

vverbalización suicidio. mayo 2023, alejandro

 

En el extremo, de los que miran a la vida se sitúa el amplio espectro de personas que expresan un primer malestar general (negación de la vida) y descalificación de sí mismo (autodesprecio) que conduce al deseo de no-vivir. A partir de ese momento se produce un giro hacia la muerte: deseo de morir èdeseo de matarse è suicidio. A medida que nos aproximamos al extremo de la muerte, la vivencia suicida es más firme y el riesgo de autodestrucción más alto.

La persona que se quiere suicidar, ¿cómo contempla la muerte?

Nadie quiere morir. La muerte es absurda para todo ser viviente. Desde nuestro "deseo de omnipotencia", de trascendencia, el hombre siente el deseo de permanencia, de no morir. Mas para la persona que se quiere suicidar, la muerte cobra sentido, tiene un significado de: liberación, cambio o regresión.

El suicidio se puede programar y realizar como forma liberadora de los conflictos que invaden a ese ser humano en ese momento: “no puedo más", "estoy harto de su­frir", etc. son algunas de las formulaciones de la persona con ideas autolíticas. Es como una puerta de salida dado que la situación personal, familiar o social es insoporta­ble. No importa tanto lo que se va a encontrar después de la muerte, como lo que se va a dejar: dolor, pena, sufrimiento. Lo importante es salir, romper "el callejón sin salida" en el que el pre-suicida se encuentra inmerso. Se busca sobre todo superar la angustia presente, sin fijarse en lo que puede encontrar detrás del acto voluntario de morir.

También la conducta suicida puede tener un objetivo último: producir un cambio, tanto en sí mismo como en el entorno. El punto de mira no es la situación angustiosa en que se encuentra sino en lo que se desea adquirir: tran­quilidad, paz, felicidad. Es como una puerta giratoria que nos introduce a una situación vivencial más armónica y pla­centera. Por esto, aunque parezca incongruente, podemos afirmar que "el objetivo de matarse es vivir" (Abadi et al. 1973)[8]. Desde esta posición, el suicidio no sería refugiarse en la nada, sino un intento de buscar mayores posibilidades de vida.

El suicidio es como puerta de entrada a una situación de tranquilidad y sosiego, donde no exista ni la angustia ni el sufrimiento. No se pone el acento ni en la vivencia insoportable actual, ni en el deseo de cambio, sino en la búsqueda de un paraíso o felicidad plena. Sería como un intento de volver a esa vivencia gratificante y segura del útero materno.

 

Solución

            En este proceso de “miedo a la vida” y “miedo a la muerte” se encuentra la persona que quiere suicidarse. Está sufriendo por la vida que tiene (soledad, angustia, sufrimiento, depresión, etc.). Sólo encuentra en la muerte una posible solución, pese a que también siente miedo al cumplimiento de esa decisión. Llega un momento en que opta por “la vida” o por “la muerte”, vence ese doble miedo y se permite seguir existiendo, o bien, no soporta su vida y se autodestruye.

 

 

 

 

[1] Rojas, E. (1984). Estudios sobre el suicidio. Salvat, 2ª ed.

 

[2] Yalom, I.D. (1984). Psicoterapia existencial. ed. Herder

[3] Fernández-Martos, J.M. (1984). “La muerte como ingrediente de la vida”. En: La eutanasia y el derecho a morir con dignidad. Madrid: ed. Paulinas. pp.145-161

[4] Alonso Fernández, F. (1985). “Conducta suicida en la adolescencia (un ensayo de penetración comprensiva en las estadísticas)", Psicopatología, 5, 2, pp.147-159.

 

 

[5] Scheneider, P.B. (1954). La tentative de suicide. Etude statistique, clinique, psychologique et catamnestique. Suiza: Delachaux y Niestlé.

[6] Abadi, M; Garma, A.; Garma, E.; Gazzano, AJ. A. ; Rolla, E, H. y  Yampeya, N. (1973).   La fascinación de la muerte. Barcelona: Paidós, p. 15.

[7] Bentue, A. (1982). "Instinto de muerte e instinto de inmortalidad". Teología y Vida, 23, pp.165-190.

 

[8] Abadi et al. 1973. ob. ct. p.12