DIEZ PREGUNTAS Y DIEZ RESPUESTAS SOBRE LA CONDUCTA SUICIDA. Alejandro Rocamora

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10 Preguntas y 10 respuestas sobre la conducta suicida

Alejandro Rocamora Bonilla

 

 

 

1. ¿Por qué una persona toma la decisión de suicidarse?

La pregunta tiene difícil respuesta pues no es una “única causa” la que produce la decisión de morir. Es cierto que existe el “suicidio impulsivo”, se produce de forma repentina y como respuesta directa a una vivencia de frustración, angustia o desesperanza. Pero en la mayoría de los casos es un proceso largo. Con altibajos, con avances y retrocesos.

Las razones, pues, para llegar al suicidio pueden ser muy diversas y generalmente no existe una sola. Mas bien, lo que lleva a tomar esa decisión es una “situación” (angustia, soledad, desesperanza, falta de sentido, etc.) que invade a la persona y solamente contempla la muerte, su muerte, como la única solución posible.

Tradicionalmente, la psicología y psiquiatría han hablado de factores de riesgo y factores protectores, como los responsables de esa decisión. Entre los primeros señalamos: padecer una enfermedad psiquiátrica grave, rigidez cognitiva, impulsividad, soledad emocional, etc.: entre los segundos, factores protectores, están: una adecuada red social-familiar, creencias religiosas, capacidad para gestionar las emociones, etc. Es el desequilibrio de estos dos factores (mayor intensidad de los factores de riesgo) lo que puede inclinar la balanza hacia la propia muerte.

Hoy, desde la teoría del caos, lo que se defiende es que cualquier circunstancia, aunque sea pequeña, puede llevar al suicidio, siempre y cuando la persona no tenga la capacidad de gestionarla de forma adecuada. Así, una ruptura sentimental, el diagnóstico de cáncer, muerte de un ser querido, etc. pueden provocar, por el efecto mariposa, un derrumbe total del sujeto y autodestruirse.

En definitiva, podemos afirmar que no importa tanto el factor desencadenante sino cómo vive el sujeto la nueva situación.

 

2. ¿Cómo puedo ayudar a una persona que dice tener ideas suicidas?

Es decir, ¿cómo conseguir que pase de la “lógica de la muerte” a la “lógica de la vida”? Es evidente que no podemos imponer nuestras razones para vivir. El proceso es inverso: el sujeto desde su “vivencia de muerte” debe encontrar los motivos para vivir. Y esto, aunque parezca contradictorio, debe hacerlo desde su posición hacia la muerte, descubriendo un nuevo sentido a su situación, aunque ésta sea límite y/o inmodificable. Siempre se podrá cambiar de actitud ante la situación penosa y sufriente. ¿Cómo conseguirlo?

En primer lugar, hay que afirmar que esto es un proceso que puede durar días, semanas o meses; en segundo lugar, lo que hay que intentar es lo que la logoterapia llama un “cambio de actitud”.

El concepto de cambio o modulación de actitud fue creado por Lukas. (2003)[1] Su objetivo no es cambiar el comportamiento sino cambiar la actitud y consiguientemente la conducta se modificará.

La “modulación o cambio de actitud” se fundamenta en los postulados básicos de la logoterapia:

  1. Toda persona tiene capacidad para crecer psicológicamente y sanar.
  2. Toda persona es libre para elegir cualquier camino, y
  3. Cualquier situación, por extrema que sea, tiene un sentido.

Señalamos algunos pasos para conseguirlo:

  1. Acogida: Debemos establecer un vínculo saludable a través de una actitud respetuosa hacia el doliente, sin censurarle, ni descalificarle, ante la explicitación de una vivencia suicida.
  2. Alianza con el sufrimiento del otro: de forma explícita habría que exponer nuestro reconocimiento ante el sufrimiento de la persona que tiene una ideación suicida.
  3. Señalar las posibilidades reales del doliente: la persona con una lógica suicida está como en un “callejón sin salida” y solamente sabe darse “golpes contra las paredes”, es decir, solamente contempla lo “oscuro” de su vida, debemos iluminar la cara positiva de su existencia, a través de demostrarle sus fortalezas reales.
  4. Potenciar el vínculo: cuanto más sano sea el vínculo con los familiares y amigos más posibilidades existen de que se pueda neutralizar la tendencia suicida. Los otros, actúan como parachoques del impulso suicida.
  5. Favorecer encontrar el sentido: entre las técnicas que se pueden utilizar están: el diálogo socrático, interpretación analítica-existencial, fantasías libres o dirigidas, etc.  

 

En el siguiente cuadro sinóptico se concretizan las acciones que podemos realizar en el acompañamiento a una persona que manifiesta ideas suicidas y las acciones que son improcedentes en esas circunstancias:

 

Lo que no hay que hacer

Lo que hay que hacer

Sancionar, moralizar, descalificar o quitar importancia

Empatizar, comprender, aceptación incondicional

Reducir la vivencia a un solo factor: paro, ruptura sentimental, etc.

Visión global del problema

Negación de la gravedad de la vivencia suicida

Facilitar la verbalización

Pensar que el que dice que se va a suicidar, no lo hace

Reconocimiento del sufrimiento de la persona que piensa en el suicidio

Pensar que todo el que dice que se quiere suicidar es para llamar la atención

Buscar no el porqué de su deseo de suicidarse, sino el para qué de esa acción.

Pensar que toda persona que dice que se quiere suicidar padece una enfermedad mental.

 

Facilitar la posibilidad de consultar a un profesional de Salud Mental.

 

3. ¿El suicidio se puede prevenir?

Es cierto que la conducta suicida no se puede erradicar de forma absoluta y total, ya que, siempre la persona es libre de tomar una decisión de muerte. Pero también, es cierto, que el suicidio se puede prevenir y evitar numerosas muertes. Para ello, es imprescindible una Ley Nacional de Prevención del Suicidio que, dotada de una partida económica, implemente programas de atención a nivel familiar, sanitario, escolar y social. En este aspecto los medios de comunicación constituyen un instrumento fundamental para prevenir la conducta suicida. Y esto es así, porque la conducta suicida no es un problema de Salud Mental solamente, sino también un problema de Salud Pública. De ahí la necesidad de un Plan Nacional de Prevención del suicidio.

 

4. ¿Es conveniente publicar las noticias sobre los suicidios?

El problema no es la publicación de noticias sobre suicidios sino cómo se hace. La OMS (2000b[2] y 2017[3]) tienen sendos documentos donde explicita claramente la forma y contenido de esas noticias. Y concluye la propia OMS (2000b)[4]: “informar sobre el suicidio de manera apropiada, exacta y potencialmente útil a través de medios progresistas e inteligentes puede prevenir una trágica pérdida de vidas”.        

 

5. La conducta suicida, ¿es una manipulación para conseguir algo?

Con frecuencia oímos decir: “esta persona dice que se quiere suicidar, pero lo dice para llamar la atención”. Aunque es cierto que a veces la conducta suicida tiene un carácter manipulador, no obstante, siempre que una persona refiera intencionalidad de morir, tenemos que hacer esta reflexión: que pocos recursos personales (psicológicos, relacionales, etc.) tiene esta persona, que ante este problema… solamente contempla la salida de la muerte, para que los demás le ayuden. Por lo tanto, cualquier manifestación de autodestrucción hay que considerarla y no caer en descalificaciones (“eso que piensas es una tontería”), ni en actitudes moralizantes (“no pienses en el suicidio que Dios te va a castigar”). En ocasiones, lo que ocurre es que el interlocutor de una revelación de ideas suicidas se angustia tanto, que solamente sabe descalificar o quitar importancia, para que él mismo encontrarse más tranquilo. De esta forma, negando la gravedad de la revelación, consigue mitigar su propia angustia.

 

6. ¿Es verdad que los que dicen que se van a suicidar no lo hacen?

Falso. Está comprobado que la mayoría de las personas que se suicidan, durante el mes anterior a su muerte, se lo habían comunicado a su médico de familia, o a su psiquiatra o psicólogo y en ocasiones a algún miembro familiar o del círculo de amigos. De forma directa y expresa o bien indirectamente y con su conducta: manifestando tristeza intensa, regalando sus pertenencias, etc.

Y esto es así, pues la vivencia suicida es muy angustiosa y de alguna manera el sujeto tiene que verbalizarlo para mitigar el sufrimiento.

 

7. El suicidio, ¿es hereditario?

Como he dicho en otro lugar (Rocamora, 2012)[5] las teorías biológico-genéticas se plantean si lo que se transmite es una herencia específica del suicidio o es la enfermedad mental (la depresión que puede llevar al suicidio). Los estudios sobre gemelos monocigóticos y, heterocigóticos y los hijos en adopción no son concluyentes, y, por lo tanto, no se ha podido llegar a criterios definitivos. Lo que sí parece probable es que exista una predisposición genética, sobre todo con respecto a la disminución de 5 HIAA, que está en relación directa con el padecimiento de un cuadro depresivo y consiguientemente con la posibilidad del suicidio (Bobes García, 1994)[6]. Es decir, podemos concluir que los que se transmite es la vulnerabilidad a padecer una depresión, pero no la predisposición al suicidio.

Esto mismo defienden Baca-García y Díaz Sastre (2000)[7] al afirmar que al igual que ocurre con la hipertensión arterial, la predisposición a las cardiopatías, la diabetes, o el cáncer, la vulnerabilidad al suicidio no se transmite según un patrón de herencia mendeliana simple, lo que ha dificultado el avance en la investigación en este campo al estudiar los genes que determinan la neurotransmisión serotoninérgica”.

 

8. Si pregunto a una persona si se quiere suicidar, ¿puedo provocar una ideación suicida?

A veces, nos encontramos con personas (padres/madres, hijos/as, hermanos/as, etc.) que ante el sufrimiento de su familiar (diagnóstico de cáncer, muerte repentina de un allegado, desahucio, etc.) no se atreven a preguntar sobre las posibles ideas suicidas, por el miedo a que ésta acción provoque precisamente lo que queremos evitar.

Sin embargo, todos los expertos en la materia, están de acuerdo en afirmar que es más sano preguntar que no preguntar. La razón es sencilla: si pregunto sobre la posibilidad del suicidio estoy transmitiendo que no me angustia esa materia, legitimo el tener el sentimiento de muerte y además posibilito su verbalización y de esta forma se reducen sus efectos nocivos.

Tanto en el encuadre clínico, como en la vida cotidiana (entre familiares, amigos, etc.) se aconseja que se pregunte sobre la ideación suicida siempre que sospechemos intensa angustia, desesperanza o tristeza grave. Si es verdad que ha pensado en la muerte como solución a su problema siempre se le puede ayudar a encontrar otra alternativa, y si no ha pensado en ello, no despertaremos la ideación suicida.

 

9. ¿Todo el que se suicida es un enfermo mental?

La OMS (2000a)[8] afirma que “el suicidio no es en sí una enfermedad, ni necesariamente la manifestación de una enfermedad, pero los trastornos mentales son un factor muy importante asociado con el suicidio”. En este mismo documento la OMS estima que el riesgo de suicidio en personas con trastorno del humor (principalmente depresión) es 6-15%; con alcoholismo, 7-15%; y con esquizofrenia 4-10%. Así mismo señala que alrededor de un 90% de los suicidios consumados lo realizan personas que padecían un trastorno psiquiátrico.

Posiblemente a nivel coloquial se piensa que todo el que se suicida está “loco” pues de esta forma me puedo quedar tranquilo ya que como yo no estoy loco no me suicidaré. La realidad es que habría que comenzar por definir qué entendemos por enfermo mental, ya que no es lo mismo padecer un trastorno adaptivo (leve y con escasa influencia en la vida cotidiana) que sufrir una esquizofrenia (grave e incapacitante).

Aun aceptando la estimación de la OMS (entre un 10-20% de las personas que se suicidan no tienen una patología psiquiátrica) es preocupante que existan personas que, ante situaciones conflictivas de la vida, su única salida sea la muerte.

 

10. La persona que se suicida, ¿es un cobarde o un valiente?

Es una pregunta que está mal planteada, como cuando decimos a un niño, ¿a quién quieres más a papá o a mamá? En nuestro caso, la persona que se quiere suicidar no es un cobarde, pero tampoco es un valiente, sino que se plantea la autodestrucción porque no encuentra sentido a su vida, y en otras ocasiones, es la enfermedad mental (depresión mayor, esquizofrenia, trastorno de personalidad límite y adicciones en estadio crónico) la que posibilita esa decisión final e irreversible.

 

 

 

[1] Lukas, E. (2003). Logoterapia. La búsqueda de sentido. Barcelona: Ediciones Paidós, (original 1998).

[2] OMS (2000b). Prevención del suicidio. Un instrumento para los profesionales de los medios de comunicación .www.who.int/mental_health/media/media_spanish.

[3] OMS (2017). Prevención del suicidio: un recurso para los profesionales de los medios de comunicación.

http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/49121/OPSNMH180021_spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[4] OMS (2000b). ob. ct.  p.7

[5] Rocamora, A. (2012). Intervención en crisis en la conducta suicida. Bilbao: Desclée De Brouwer, p. 65

[6] Bobes García, J. (Coordinador), (1994). Salud Mental: Enfermería Psiquiátrica. Madrid: Síntesis.

[7] Baca-García, E. y Díaz Sastre, C. (2000). “Bases biológicas del suicidio”. Monografías de Psiquiatría,  XII (5), pp.1-51

[8] OMS, (2000a), Prevención del suicidio. Un instrumento para médicos generalistas. Departamento de Salud Mental y Toxicomanías. Organización Mundial de la Salud. Ginebra. 2000 http://www.who.int/mental_health/media/general_physicians_spanish.pdf