EVALUACIÓN DE LA CONDUCTA SUICIDA. ALEJANDRO ROCAMORA (ENERO 2024)

Evaluación de le conducta suicida, enero 2024

 

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EVALUACIÓN DE LA CONDUCTA SUICIDA

Alejandro Rocamora Bonilla

Enero 2024

        

            Partimos del hecho, muchas veces compartido, que la conducta suicida es compleja y multicausal, y, por lo tanto, es una vivencia que tiene muchas aristas (biológica, psicológica, social e incluso religiosa) que dificulta su evaluación.

            Por otra parte, nos encontramos que evaluar el riesgo suicida de una persona es fundamental para poder hacer una prevención eficaz. ¿Qué podemos hacer, pues?

            Con Al-Halabi et col. (2023, p.318) podemos afirmar que la entrevista psicológica es el mejor instrumento fundamental para evaluar la conducta suicida. Podemos hacer dos supuestos: uno, evaluamos a una persona que refiere ideas suicidas y dos, evaluamos a una persona en una situación de desesperanza, pero sin ideas suicidas.

            En el primer supuesto estas son algunas de las acciones a realizar:

  • El encuentro terapéutico debe ser empático, sin juzgar, ni sancionar, ni moralizar, ni quitar importancia a la vivencia suicida, ni mucho menos desafiar. Siempre se deben tomar en serio las manifestaciones suicidas.
  • La entrevista debe discurrir principalmente con preguntas abiertas: ¿cuándo tienes esos sentimientos de desesperanza que se te ocurre?
  • Se debe evaluar el riesgo suicida analizando los factores de riesgo y los factores protectores sabiendo que el resultado es probabilístico de que se realice el suicidio. Hay que tener en cuenta que solamente existe un factor de riesgo propiamente dicho, como es el intento de suicidio previo. Cuanto más próximo a la entrevista mayor riesgo de muerte. Es cierto, que no podemos llegar a una certeza absoluta de que vaya o no a realizar el acto suicida (este en definitiva es una opción personal), pero este análisis nos puede indicar el estado mental de la persona.
  • Debemos explorar el estado psicopatológico (ansiedad, tristeza, desesperanza, vacío, etc.) pues este puede agravar el riesgo suicida.
  • Explorar si existe “mente suicida” y si hace crítica o no de su vivencia suicida. “Mente suicida” es cuando el sujeto ha llegado a la conclusión que la mejor decisión es el suicidio y tiene voluntad de matarse.
  • No tratar de convencer, sino mas bien explorar su “enganche a la vida” y reforzar los motivos que hasta ahora han impedido llegar al suicidio: familia, trabajo, sentimientos religiosos, etc.
  • Analizar la gravedad de la ideación suicida: son pasivas, esporádicas, constantes, etc.
  • Analizar si tiene un plan suicida y las posibilidades reales de llevarlo a la práctica.

En el segundo supuesto, cuando la persona no refiere ideas suicidas, nos podemos

cuestionar: ¿Cuándo preguntar?, ¿Cómo preguntar? ¿Qué preguntar?

 

¿Cuándo preguntar?

  • Situaciones de soledad grave
  • Acontecimiento estresante reciente
  • Sufrimiento físico
  • Intento autolítico previo
  • Carencia de apoyo familiar y social
  • Relato de comportamientos que pueden indicar despedida o riesgo para la propia vida
  • Psicopatología grave.

¿Cómo preguntar?

P. En esas ocasiones, (ruptura, muerte, paro, etc.) ¿qué sentimientos          le vienen a la cabeza?

R. Que esta vida es un asco

P. Cuando piensa que la vida “es un asco”, ¿qué soluciones se le ocurren?

 R. Pues, desaparecer…

P. Qué significa para Vd. desaparecer…

R. Pues, suicidarme

P. ¿Me gustaría saber para qué desea suicidarse?

¿Qué preguntar?

  • Explorar la ideación suicida. ¿Existe lógica suicida?
  • Explorar si la persona tiene plan suicida (posibilidades, medios, etc.)
  • Explorar si ha fijado un plazo.
  • Explorar sus recursos psicológicos y sociales.

Síntesis

En ambos supuestos, tenga o no ideas suicidas, debemos analizar también el contexto familiar y social, para poder evaluar los apoyos reales que la persona tiene ante la vivencia suicida. Además tendremos en cuenta sus “mecanismos de afrontamiento” (de negación, fóbico, depresivo paranoide, etc.) y cómo ha resuelto situaciones anteriores de adversidad.

Con Villar Cabeza (2023, p. 111ss.) podemos sintetizar esta reflexión con estos tres puntos:

  • El mejor método para valorar la conducta suicida sigue siendo preguntar directamente a la persona.
  • Preguntar a una persona por ideas suicidas no incrementa su riesgo de cometerlo, sino al contario.
  • La exploración de la conducta suicida debería ser progresiva.

 

Referencias bibliográficas

Al-Halabí, S. et col. “La entrevista clínica como relación de ayuda en la conducta suicida” en Al-Halabí y Fonseca- Pedrero (cooords.) (2023). Manual de Psicologia de la conducta suicida. Píramide.

Villar Cabeza, F. (2023). Morir antes del suicidio. Prevención en la adolescencia. Herder.