Intervención en la conducta suicida: decálogo. Alejandro Rocamora. (Colaborador de RedAIPIS, Marzo 2024)

Intervención en la conducta suicida: decálogo.

 

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Intervención en la conducta suicida: decálogo

 

Alejandro Rocamora Bonilla

 

I.- Tomar siempre en serio la conducta suicida: si algo he aprendido, en mi larga experiencia ayudando a las personas es que siempre debemos tomar en serio cuando alguien manifiesta su deseo de morir. Ya sé que existen personas manipuladores, que en muchas ocasiones nos pueden engañar, pero, en esas situaciones mi reflexión es: qué pocos recursos psicológicos tiene esta persona que para manifestar su angustia tiene que exponer su vida. Porque hay que saber también que, algunos psicoterapeutas, por su forma de personalidad, pueden tender a minimizar, quitar importancia o incluso descalificar a la persona que pide ayuda. De esta forma el ayudador neutraliza su angustia, no la del otro.

 

II.-Ante la sospecha siempre preguntar: no podemos quedarnos en la duda si el ayudado tiene ideas suicidas o no, y por esto, siempre hay que preguntar. Dos advertencias: una, no por preguntar vamos a incitar al suicidio, y dos, la pregunta no debe ser directa (¿Vd. se quiere suicidar?) pues bloquearía al ayudado, sino de forma progresiva. Una posible secuencia podría ser:

 

P. En esas ocasiones, (ruptura, muerte, paro, etc.) ¿qué sentimientos          le vienen a la cabeza?

R. Que esta vida es un asco

                        P. Ante esta situación “la vida es un asco” ¿qué solución se le ocurre?

                        R. Desaparecer.

                        P. ¿Qué significa para Vd. desaparecer?

                        R. Pus suicidarme…

 

III.- No descalificar, ni moralizar, ni minimizar la vivencia suicida: una actitud empática, junto a la aceptación incondicional y autenticidad, son las premisas para acompañar a la persona con ideas suicidas. Partimos de la convicción que el ayudador no es un policía, ni un juez, sino una persona que puede acompañar a la persona que pide ayuda.

 

IV.- Alianza con el sufrimiento: es consecuencia de la anterior reflexión. De alguna manera el ayudador debe validar el sufrimiento del consultante y desde ese encuadre procurara su sanación.

 

V.- No entrar en pánico y tomar medidas desproporcionadas: es lo que denuncia la prevención cuaternaria sobre los sobrediagnósticos y sobretratamientos, que fuerzan tratamientos farmacológicos o ingresos psiquiátricos. En muchos casos estas medidas extremas se toman por miedo a una denuncia judicial, no por razones clínicas. Es necesario una buena formación en suicidiología del personal sanitario para evitar pecar por mala praxis o por sobreactuaciones.

 

VI.- Utilizar la palabra “suicidio”: aunque es una palabra tabú, en algún momento de la entrevista hay que son utilizarla, y evitar el maquillar la causa de la muerte: “se cayó por una ventana” o “murió de un infarto”.

 

VII.- Importancia del para qué, frente al por qué: es algo admitido por los expertos en suicidología que la conducta suicida es multicausal y, por lo tanto, no existe una sola causa que explique esa conducta. También, en ocasiones lo que pone en marcha la realización del plan suicida puede ser algo nimio: una discusión con los padres, etc. Por lo tanto, el saber el último estresor de poco nos servirá para comprender el laberinto de la conducta suicida. Es mejor preguntar: ¿para qué te quieres suicidar?, pues la respuesta nos indicará la necesidad primaria del sujeto, y poder solucionarlo por otro camino. El porqué es una mirada al pasado, y el para qué es una mirada de futuro.

 

VIII.- No convencer, sino acoger: excepto en las situaciones de emergencia (alto riesgo de suicidio o suicidio en curso) no podemos utilizar la persuasión (dar razones para no morir) sino acoger y desde esa posición posibilitar el cambio (buscar razones para engancharse nuevamente a la vida).

 

IX.- Visión global del problema: nuestra intervención con una persona que tiene ideas suicidas, no sólo debemos explorar la gravedad de la conducta suicida, sino también desde una posición panorámica analizar sus recursos psicológicos personales, sociales y vinculares.

 

X.- Actuar: toda conducta suicida (desde la ideación al intento autolítico, pasando por la comunicación, el gesto suicida, autolesiones suicidas y el plan suicida) precisa de una reflexión por parte del ayudador sobre qué medidas tomar, desde el ingreso psiquiátrico, una llamada a algún familiar, una derivación a psiquiatría o un tratamiento o acompañamiento psicoterapéutico.

 

Estos “diez mandamientos se cierran en dos: toda vida merece vivirse y toda persona tiene posibilidad de cambio.