NUEVO ARTÍCULO: CUATRO CUESTIONES CANDENTES SOBRE EL SUICIDIO (Alejandro Rocamora)

Cuatro cuestiones Alejandro Rocamora

 

CUATRO CUESTIONES CANDENTES SOBRE EL SUICIDIO

Alejandro Rocamora Bonilla

            Durante muchos años he reflexionado sobre la conducta suicida, y siempre han surgido algunas de estas preguntas: ¿es legítimo el suicidio? ¿puede estar justificado? ¿se puede considerar como el resultado de un balance sobre la propia vida? ¿cómo explorarlo? He aquí mis respuestas:

1.-  ¿Es legítimo o ilegítimo el acto suicida?

Partimos de un pensamiento que compartimos plenamente con Camus cuando afirma: “no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Lo demás no tiene ninguna importancia” (Camus, 1994)[1]. Y podemos añadir que no solamente es un problema filosófico sino también existencial, moral y clínico.

La filosofía, pues, se ha preguntado insistentemente sobre la legitimidad de la conducta suicida. Se puede sintetizar diciendo que existen dos grandes posturas: los que plantean la ilegitimidad del suicidio por razones religiosas o seculares y los que defiende el acto suicida (Cohen Agrest, 2007)[2]. Entre los primeros está San Agustín que hace una condena religiosa del suicidio porque viola el quinto mandamiento (No matarás) y la imposibilidad de arrepentimiento; el suicidio como falta de nuestros deberes para con Dios, y, por último, es condenable el suicidio pues la vida es un don de Dios y solamente él puede disponer de nuestra existencia.

Entre las razones seculares para no defender la conducta suicida, se proponen varios argumentos: el suicidio es un acto contrario al instinto de conservación, en segundo lugar, toda persona tiene deberes para con la sociedad y su familia, y un tercer grupo de argumentos se centran en señalar el valor intrínseco de la vida humana y consiguientemente el suicidio sería un acto de cobardía.

Por el contrario, los defensores del suicidio enfatizan que el derecho a la autodestrucción se basa en la libertad individual del ser humano y se pone como ejemplo los suicidios por honor.

Mi postura es similar a la de V. Frankl, cuando afirma “bastaría con que uno solo entre los muchos que intentan suicidarse convencidos de que se encuentran en una situación sin salida no tuviera, a la postre, razón: con que  sólo uno de estos desdichados, al salvar su vida, encontrarse más tarde la salida en que no creía antes para condenar como ilegítima toda tentativa de suicidio”[3].

            En definitiva, considero que siempre puede haber una salida a la situación de conflicto y, por lo tanto, más que condenar el suicidio (y mucho menos al suicida) hay que potenciar las posibilidades sanas de cada persona.

2.- EL SUICIDIO, ¿PUEDE ESTAR JUSTIFICADO?

            Respondo con un pensamiento de V. Frankl (1978)[4]:

“El suicidio no tiene nunca una justificación moral. Ni siquiera el suicidio expiatorio. Pues, del mismo modo que pone a la persona en la imposibilidad de fortalecerse y purificarse en el propio dolor- en el sentido de lo que llamábamos la realización de los valores de actitud-, lo incapacita para reparar de una u otra manera el mal causado a otro. Con lo cual el suicidio perpetúa lo pasado, en vez de borrar del mundo una desventura ocurrida o un desafuero perpetrado; lo que borra del mundo es el yo”.

Es decir, la conducta suicida nunca está justificada pues imposibilita a la persona para corregir y encontrar una salida sana a su existencia.

3.- EL SUICIDIO, ¿ES EL RESULTADO DE UN BALANCE SOBRE LA VIDA?

El sujeto puede hacer una reflexión sobre su vida y llegar a la conclusión de que no se merece vivir. En palabras de V. Frankl (2019)[5] la balanza del “haber”  (todo sufrimiento y dolor) y del “debe” (la felicidad que no llegó a lograrse) está desequilibrada. Concluye: “el placer en sí mismo no puede dar sentido a la existencia y, por tanto, la ausencia de placer tampoco puede quitárselo”[6].

            V. Frankl (1978)[7] se pone en la piel de la persona que quiere suicidarse y desarrolla el concepto de “suicidio-balance”. Es decir, el suicidio sería la consecuencia de un balance negativo de la vida del sujeto. El autor sigue afirmando, no obstante, que nunca un balance de la vida puede ser tan negativo que lleve al sujeto a tomar la decisión de suicidarse y, por lo tanto, ningún balance puede justificar el suicidio. Esto está en consonancia con su pensamiento estrella cuando afirmaba que, en cualquier situación de la vida, incluso la más penosa (V. Frankl estuvo en varios campos de concentración nazis), siempre la vida tiene sentido.

4.- ¿CÓMO EXPLORAR SI PERSISTE LA INTENCIONALIDAD SUICIDA?

V. Frankl (1992)[1] describe que el comportamiento suicida tiene esta secuencia: idea suicida, intencionalidad suicida y acto suicida. Para el autor es fundamental que el logoterapeuta descubra si la persona tiene intencionalidad suicida, pues en tal caso habría que tomar medidas drásticas: internamiento o en su caso no dar de alta a una persona que ha ido a Urgencia hospitalaria por un intento de suicidio. Es decir, más importante que las ideas suicidas es la intencionalidad suicida pues implica que el sujeto ya ha tomado una posición ante la idea de muerte y desea morir, tiene voluntad de matarse.

 

[1] Frankl, V. (1992). Teoría y terapia de las neurosis. Barcelona: Herder, (original de 1987) p. 98

 

He aquí el método para explorar la intencionalidad suicida: se comienza por preguntar al enfermo si todavía tiene intención de suicidarse. Si lo niega (y para clarificar si está disimulando) se le hace la siguiente pregunta: ¿por qué (ya) no quiere suicidarse? Si verdaderamente no tiene intención de suicidarse rápidamente nos dará diversos motivos: la familia, sus creencias, etc., si no lo tiene claro aparecerá la duda y la confusión. En este último supuesto el logoterapeuta deberá tomar las medidas oportunas para evitar el suicidio.

Final

            Mi reflexión sobre el suicidio continua y también mis dudas e incertidumbre sobre la realidad humana y sobre todo ante la decisión de morir. Como sabemos, toda conducta suicida es compleja y multidimensional, pero sobre todo es personal e intransferible. Por esto, cualquier aproximación hay que hacerla desde el respeto y la comprensión.


[1] Camus, A. (1994). El mito de Sísifo. Buenos aires: Losad. p. 5

[2] Cohen Agrest, A. (2007). Por mano propia. Estudio sobre las prácticas suicidas. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. p. 79.

[3] Frankl, V. (1978). Psicoanálisis y existencialismo. De la psicoterapia a la logoterapia. México (2ª ed.): Fondo de Cultura Económica. (original de 1946, revisado en 1971).

p.95

[4] Ibidem.p.95

[5]  Frankl V. (2019). Llegará un día en que seré libre. Barcelona: Herder, p. 126

[6]  Ibidem, 127

 [7]Frankl, V. (1978). ob. ct. p.95

[8] Frankl, V. (1992). Teoría y terapia de las neurosis. Barcelona: Herder, (original de 1987) p. 98