TEORÍA DEL CAOS Y CONDUCTA SUICIDA. POR ALEJANDRO ROCAMORA

alejandro rocamora artículo noviembre 2020

TEORÍA DEL CAOS Y CONDUCTA SUICIDA

Alejandro Rocamora Bonilla

La adversidad no tiene una sola explicación directa, causa y efecto, sino mas bien se comprende mejor a través del modelo no lineal o teoría del caos. Este modelo aplicado a los fenómenos psicológicos lo realiza Thelen y Smith en 1996.[1]. Es decir, la relación madre-hijo o la repercusión de un suicidio en el seno familiar o el propio acto suicida, por poner solo tres ejemplos, son sistemas complejos, como la economía, la meteorología o los movimientos migratorios. Lo que significa que la adversidad es el resultado de múltiples factores y diferentes procesos.

Teoría del caos

¿Qué es la teoría del caos? En primer lugar, hay que decir que con “caos” no nos referimos a algo desorganizado y sin orden, mas bien, no referimos a un sistema que se autoorganiza, que tiene multitud de variables y que no podemos predecir el resultado final pues no se produce una relación causa-efecto. Por tanto, el “caos” se produce en los sistemas complejos en los que existen una gran variedad entre los factores del sistema: de interacciones varias, interconexiones, retroalimentación y microprocesos, entre otros (Guerra Cid, 2018)[2].

Este concepto tiene muchas aristas. No es solamente un hecho que se produce al azar. Mas bien, se refiere a las interacciones conscientes e inconscientes, que se manifiestan en cualquier acontecimiento aleatorio. Por esto, hoy entendemos por caos “una disciplina científica dedicada, justamente a la comprensión del mundo, sus procesos creadores e innovadores” (Briggs y Peat, 1999)[3]

Es cierto, que el ser humano tiende a evitar el estado de caos, pero es precisamente a través de él, como la naturaleza consigue un “equilibrio inestable” que permite reorganizar y reequilibrar el devenir del universo.

Por el contrario, un “sistema lineal” es aquel que al producirse una causa se produce un efecto de forma directa y exclusiva. Es decir, una acción tiene una consecuencia, ésta lleva a otra y así sucesivamente. Es el efecto dominó. Un ejemplo: si piso el acelerador de un coche (causa) siempre se producirá un solo efecto: aumento de velocidad.

Sin embargo, en los sistemas no-lineales o complejos (las relaciones humanas, la conducta suicida, etc.) el efecto es impredecible. Según la “teoría del caos” lo que ocurre es que una acción lleva a una consecuencia, que bien podría haber sido otra, pero después de pasar por múltiples variables, las cuales no siempre se relacionan entre sí[4]. Es el efecto mariposa: un pequeño acontecimiento puede producir grandes cambios en el sistema (personal o familiar).

 

Principios básicos de la teoría del caos (Guerra Cid, 2018)[5] y la conducta suicida

1.- Importancia de las condiciones iniciales: es decir, los cambios se van a producir dependiendo de la situación primaria del sujeto. Es lo que se denomina “sensibilidad dependiente”. Esto explica que la conducta suicida de uno de los miembros de la familia produzca un efecto diferente entre sus allegados, ya que cada uno de ellos parte de una posición diferente: estructura de personalidad, vínculo con el finado, experiencia anterior con el suicidio, etc.

De ahí, que el factor desencadenante del suicidio no necesariamente es lo más importante. Puede ocurrir que un acontecimiento baladí para cualquier persona produzca una conducta suicida dependiendo del significado que se le dé y la situación en que se encuentre el sujeto.

2.- La retroalimentación: en los sistemas complejos todas las variables interactúan para bien o para mal. Por esto, en las situaciones de adversidad se reactivan viejos fantasmas, que se retroalimentan dando lugar a resultados impredecibles. Un familiar puede deprimirse, otro se puede mostrar agresivo o bien negar la situación traumática del suicidio, por poner sólo algunos ejemplos.

3.- Los períodos de cambio son muy importantes: en las crisis y trauma la persona tiene una posibilidad de transformación, bien de forma positiva o negativa. Todo dependerá de cómo se gestione esa situación. Es indudable que es una oportunidad para el crecimiento personal, pero también existe el riesgo de retroceso. En los momentos de crisis el sujeto se encuentra más vulnerable y puede encontrar la salida, la mala salida, en el suicidio

4.- Efecto acumulativo: en ocasiones no es necesario que se produzca una gran experiencia traumática para que se produzca el cambio, sino que pequeñas vivencias acumulativas pueden determinar una gran transformación. Así, cuando analizamos la conducta suicida de una persona a veces no encontramos “grandes traumas” sino hechos cotidianos que se han ido sumando y produciendo la gran decisión de suicidarse.

5.- El micro proceso tiene tendencia a producir el macro proceso: en ocasiones, los acontecimientos de la vida cotidiana (decisiones pequeñas, conflictos familiares, etc.) presentan la misma estructura interna que la gran decisión de suicidarse.

Corolario

            El suicidio es algo más que una acción contra sí mismo. Podríamos decir que es un epifenómeno, que no tiene generalmente una causa directa y nítida, sino más bien una “situación”, que conduce a la persona a no encontrar ninguna salida, salvo su autodestrucción. Así, pues, no siempre es adecuado el presupuesto de que toda persona que se quiere suicidar es porque padece una enfermedad mental, ni tampoco es válido pensar que siempre precede al suicidio un largo tiempo de elaboración suicida. En este caso sabemos que existen los suicidios impulsivos, y en el primer supuesto, hay que decir, que en muchas circunstancias lo que conduce a la muerte no es la enfermedad psiquiátrica sino el sentimiento profundo de desesperanza, vergüenza o hastío de la vida.

            Además, muchos autores plantean que el inicio del proceso de la conducta suicida, no es consecuencia de un solo factor, sino que puede aparecer  sin ningún trastorno psiquiátrico, ni incluso sin problemas psicológicos identificables, sino como respuesta a una “situación”, suma de acontecimientos, que de forma insensible puede conducir  a la falsa salida del suicidio.

            Por otra parte, considero que deberíamos repensar, a la luz de la teoría del caos, todo lo referente a los factores de riesgo y factores protectores y centrarnos más en el análisis personal del sujeto y cómo vive su existencia. También deberíamos repensar los factores desencadenantes y coadyuvantes del suicidio para centrarnos más en la atención de la persona concreta. Habría, pues, que insistir no tanto en la exploración externa de los acontecimientos vividos por la persona con ideas suicidas, sino en su “estado interno” (actitud) ante esos acontecimientos o sucesos.

            Existen dos formas de abordar la conducta suicida: el modelo médico y el modelo contextual-fenomenológico (González González, M. et alt.)[6] El primero se basa en los antecedentes, desencadenantes, factores de riesgo y factores protectores y el segundo, en un acercarse a la persona con ideas suicidas de forma integradora (el sujeto y su entorno) y sobre todo, centrándose más en su “sentir”, que en los acontecimientos externos.

            En el modelo médico se sobrevalora el análisis del riesgo pero a veces se desconoce cómo intervenir en la conducta suicida, salvo las recomendaciones de sentido común (acudir a urgencia, llamar al 112, etc.) y el tratamiento farmacológico.

            En el modelo contextual-fenomenológico la entrevista psicológica es la herramienta más eficaz. Se analizan los conflictos existentes y las soluciones posibles; la gran pegunta no es ¿por qué se quiere suicidar?, sino ¿para qué se quiere suicidar? Lo importante no son las razones para morir, sino las razones para vivir.

            Podemos afirmar, pues, que la teoría del caos y otros modelos no médicos son como una venta abierta a otra dimensión, que nos permite reflexionar de manera diferente para comprender e intervenir de forma eficaz ante personas con ideas suicidas.

 

 

[1] Thelen, E. y Smith, L.B. (1996). A dynamic systems approach to the development of cognition an action. Boston:MIT

[2] Guerra Cid, L.R. (2018). Palos en las ruedas. Una perspectiva relacional y social sobre por qué el trauma nos impide avanzar. Barcelona: editorial Octaedro.  p. 52

[3] Briggs, J. y Peat, F. D. (1999). Las siete leyes del caos. Las ventajas de una vida caótica. Barcelona: Grijalbo, p. IX

[4] Guerra Cid, L.R. (2018), ob. ct. p. 5

[5] Ibidem, p. 98

[6] González González, M., García Haro, J. y  García-Pascual, H. Evaluación contextual-fenomenológica de las conductas suicidas,  en Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. 2029; 39(135); 15-31.