Testimonios para ayudar. Escrito por Victoria de la Serna. LAS PRIMERAS NAVIDADES

Esas primeras navidades las pasé como flotando y sólo tengo vagos recuerdos de ellas. No entendía nada….sentía que todo era una pura contradicción. Estaba rodeada de felicidad, alegría, y buen humor y yo sentía absolutamente todo lo contrario. Escondida con mi dolor en mí misma, quería aparentar tranquilidad sobre todo por mis hijas y por mi marido. Me encontraba presente y a la vez también ausente; y al mismo tiempo en alerta, en tensión, vigilando cada gesto, cada mirada de mi familia; también cada movimiento, atenta a sus palabras temiendo detectar en todo ello que su desesperanza y su dolor les podía empujar al suicidio. Fue una noche agotadora. No ayudó nada tampoco, que no habláramos de Luis. Nadie le mencionó, ni pronunció su nombre. Las personas que nos quieren y están a nuestro alrededor no saben cómo actuar y por temor a hacernos daño prefieren guardar silencio. Ese silencio que todo lo cubre, también a nosotros. Pero aunque nos cueste, y duela, somos nosotros, los supervivientes, quienes tenemos que romper ese silencio aterrador, convertirlo casi en un grito, y decirles cómo nos pueden ayudar; porque ellos también quieren y necesitan hacer algo por nosotros. A veces sólo necesitamos que nos abracen o nos cojan de la mano o sentarse al lado nuestro a mirar la nada.

Pero no todas las navidades son iguales, ni se viven igual. No tienes que obligarte a celebrarlas. No hay que hacer nada que pueda añadir más daño o angustia. Sea la celebración que sea. Puedes hacer otras cosas o ninguna. Lo importante es rodearte de personas de confianza que quieres, que te quieren y que te cuidan. Personas con las que no tener que disimular tu pena y que te escuchan, sí necesitas expresar tus sentimientos o que te acompañen en tus silencios.

Yo necesito sentir que Luis está siempre presente; en nuestra vida cotidiana por supuesto, y en estas celebraciones aún más. La idea de que se olviden de él, que no le mencionen, ni le mantengan presente en nuestra vida, es un dolor añadido muy duro de soportar.

En estas ocasiones, pero también a diario, me consuela encender una vela por él, y que hagamos un brindis en su nombre, aunque sea con mucha emoción y con los ojos llenos de lágrimas. Compartir esos pequeños momentos especiales, con personas queridas, amortigua el dolor.