UNA NAVIDAD EN DUELO

Una Navidad en duelo

Un vez más, nuestro amigo y colaborador de la Asociación RedAIPIS.FAeDS, Alejandro, nos ha enviado un artículo que nos hará como siempre reflexionar.

UNA NAVIDAD EN DUELO

Alejandro Rocamora Bonilla

            La Navidad es mágica pues la realidad se transforma, sobre todo para los niños: la casa, las calles y la propia ciudad o pueblo parecen diferentes por sus luces y colores; las mismas personas parecen más amables y mas solidarias y algunos deseos se hacen realidad: se consigue el juguete preferido, el viaje deseado o que dos amigos olviden las rencillas y se reconcilien. También pueden ser mágicas las navidades para las personas que se encuentran en un proceso de duelo, si saben descubrir “la magia” de estos días, sobre todo si son las primeras fiestas sin el ser querido.

            La Navidad, por otra parte, es una confluencia de sentimientos encontrados: alegría y dolor interior; regocijo por lo que tenemos y nostalgia por lo que se fue para siempre; acogida y despedida; ausencia y presencia; encuentros y desencuentros. Pero, ante todo, la Navidad es celebración. Celebramos la existencia del grupo: la familia, los amigos; celebramos los sentimientos positivos y saludables; celebramos, que a pesar de todo, seguimos disfrutando de nuestra existencia.

            La Navidad del 2020, como es obvio, tiene matices diferentes: seremos menos comensales a la cena de Navidad, los desplazamientos estarán reducidos, se multiplicarán las videollamadas,  no habrá grandes fiestas, etc. Serán distintas, pero persistirá ese olor a encuentro, reconciliación, disfrute sobre todo de los más pequeños, que hace que los días sean diferentes y se vivan proclamando la importancia de tener presente al otro. Habrá que esforzarse para que el “espíritu de las navidades” no se diluya en nuestra incertidumbre por la COVID. 

            En estos días mágicos, me viene a la cabeza la idea de que la familia es como una barca, que surca por el mar tenebroso y en calma de la vida, buscando el equilibrio inestable, para no naufragar. Es comprensible que la ausencia de uno de sus miembros desequilibre la barca y peligre su estabilidad. Será necesario un nuevo reajuste para poder llegar a un puerto seguro. Es lo que se hace durante el proceso de duelo.

            Estas Fiestas pueden ser un punto importante de la nueva travesía. En parte, su resolución sana nos condicionará el futuro. Es evidente, de que no existen reglas universales para la celebración de estas Fiestas en duelo. Eso sí, está claro lo que no debemos hacer: 1) celebrar la Navidad como si nada hubiera ocurrido, porque si la barca se balancea es por la ausencia de uno de los miembros de la familia. Debemos tomar conciencia de ello y actuar en consecuencia: redefinir el rol de cada uno en el sistema familiar; 2) tampoco es bueno no celebrar nada, como negando la posibilidad de disfrutar a pesar de la pena, y 3) es un error huir a otro lugar o forma de celebración (hacer un viaje, por ejemplo). Todas son formas de negación de la cruda realidad (la muerte del ser querido), que no ayudan a elaborar el duelo.

            Por el contrario, he aquí algunas pautas saludables para la celebración de la Navidad, partiendo del hecho que la vivencia de duelo es personal e intransferible:

            a). -Preparar la celebración: es aconsejable tener una reunión con los más allegados (esposo/a, hijo/a, hermano/a, etc.) para preparar la reunión de Navidad. Aquí cada uno debería expresar sus deseos y sentimientos: pocos o muchos adornos, celebrar la cena en esta u otra casa, posibilidad de dar un espacio al fallecido, etc.

            b). -Respeto incondicional a los sentimientos: respetar los silencios, las caras serias, recordando que la alegría no significa el olvido del ausente. Es cierto, que toda persona tiene derecho a estar triste, pero también es verdad que no es sano encerrarse en el laberinto de nuestro dolor. Compartir siempre es mas saludable que sufrir en soledad.

            c). -Reservar un lugar al fallecido: dejar una silla vacía en la mesa, una foto, una vela encendida, etc. De alguna manera es hacer presente al ausente por fallecimiento.

            Por último, en este tiempo mágico navideño imaginemos que recibimos un whats de nuestro ser querido ausente (padre/madre, hermano/a, hijo/a, etc.) con estos caracteres:

            Buenas noches, querida familia. Desde mi remanso de paz quiero felicitaros estas fiestas con un GRACIAS y un RUEGO:

            GRACIAS, por los años que hemos compartido penas y alegrías.

            GRACIAS, por vuestra presencia en los momentos difíciles de mi vida.

GRACIAS, por permitirme que realicemos juntos un tramo por el mar de nuestras vidas.

GRACIAS, por ser como sois: imperfectos, vulnerables y finitos, pero ante todo amantes de vuestra familia

GRACIAS, sobre todo, por haberme querido.

Y un RUEGO, que en la celebración de estas fiestas mágicas navideñas, hagáis un brindis en mi nombre y…que cantéis un villancico.  

Tú ser querido ausente-presente