…y Vd. ¿Por qué (ya) no quiere suicidarse? Alejandro Rocamora

Y usted. ¿Por qué (ya) no quiere suicidarse?

…y Vd. ¿Por qué (ya) no quiere suicidarse?

Alejandro Rocamora Bonilla

Socio colaborador de RedAIPIS

            Es la pregunta que, el célebre psiquiatra Victor Frankl, creador de la Logoterapia y director de un Hospital, hacia a sus pacientes que después de un intento de suicidio y al ser preguntados contestaban que no tenían ideas suicidas. V. Frankl afirmaba que si la respuesta era rápida y convincente (no me suicido por mi familia, la religión etc.) le daba el alta; pero si por el contrario, el paciente dudaba o daba una respuesta vacilante, era señal que la idea suicida persistía y entonces le ingresaba. En definitiva, V. Frankl buscaba si la persona tenía un “enganche” o sentido para seguir viviendo.

Hoy, querido lector, quiero también reflexionar sobre los sentimientos que nos impulsan a vivir, aún en las situaciones más angustiosas, y no en las razones para morir.  En cualquier manual de psicología podemos encontrar los factores y circunstancias que pueden llevar al suicidio, pero, la gran pregunta es: ¿qué nos impulsa a vivir?

El hombre hoy: un ser vacío

            Podríamos afirmar que el denominador común de toda conducta suicida, sin diagnóstico psiquiátrico, es el vacío existencial. "Doctor: me siento vacío". Es la expresión con la que muchos consultantes comienzan o terminan su relato de frustración, incomprensión o hastío de la vida, ante el psiquiatra o cualquier agente de ayuda. Así, inició la entrevista Luis, ingeniero de caminos, de 38 años de edad, casado y con dos hijos: "Tengo muchas cosas (casa, coche, una buena posición económica y social) pero me siento sin ilusión, sin proyectos, sin ganas para seguir viviendo...Es como si estuviera haciendo las cosas que a los demás les hacen felices, pero a mí me produce cierta sensación de aburrimiento. Me siento como participando en una carrera de alta competición sin que yo haya hecho la inscripción. Son los otros (mi familia, mis amigos, mis jefes, etc.) los que han decidido por mí. Me siento como sumergido en un profundo pozo, sin fondo. Bajo mis pies solamente existe la nada".

            Nuestra sociedad está plagada por muchos Luises, que con mayor o menor intensidad, viven la experiencia de su propia vaciedad y "sinsentido". Pueden estar en paro o con un buen puesto de trabajo; enfermos o sanos; vivir en una familia saludable o enferma psíquicamente; tener una pareja estable o no, todo eso poco, o nada importa, frente a su sentimiento corrosivo de vacuidad.

            La gran tragedia del hombre actual es que siente atrapado y ahogado (“vaciado") por los "valores de los otros". Los medios de comunicación cada día nos proponen héroes, que son inalcanzables, pero al mismo tiempo tienen los pies de barro. No resisten el mínimo análisis serio. Hemos pasado de la tiranía de los valores internos (religión, tradición familiar, etc.) a la esclavitud de la moda. Vivimos al dictado de lo que nos dicen: qué coche tenemos que comprar, que tipo de champú debemos utilizar, o que carrera deben estudiar nuestros hijos para... triunfar.

Nuestra era postmoderna se puede identificar con el  vacío. Ya no se contrapone el sentido al sinsentido, la tercera vía es la apatía, la indiferencia; nada importa, todo tiene sentido, y al mismo tiempo es un "sinsentido". Pero esa actitud pasiva puede llevar a soluciones drásticas como el suicidio, que muestra el clímax de un estado.

          Este panorama lleva a afirmar a algún autor (Gilles Lipovettsky, 1986) " que la sociedad postmoderna, ni tiene ideales, ni tabú, ni tan solo imagen gloriosa de sí misma, ningún proyecto histórico universalizador, estamos ya regidos por el vacío, un vacío que no comporta, sin embargo, ni tragedia, ni apocalipsis".

Creatividad, servicio, amor o ser amado

            Ante esa vivencia de  vacuidad y para no llegar al suicidio Víctor Frankl propone tres actitudes “salvadoras”: la creatividad, el servicio o cuidado y el amor o ser amado. Pues, como el mismo afirmaba, “no existe ninguna situación en la vida que carezca de sentido”. Y lo decía Victor Frankl que había pasado varios años en un campo de concentración nazi.

La primera podemos definirla como la capacidad de salir de sí mismo y dar forma a una idea, a una inspiración o a una fantasía. El creador se transforma y es como si fuera otra persona. Por este motivo, alguien ha definido a la creatividad como una “experiencia vital”. Al crear es como si rompiésemos la tendencia que nos lleva al aburrimiento, a la repetición por la repetición. Crear es tomar conciencia de uno mismo, de sus posibilidades y ponerlas en acto. La madre/padre que cuida con ternura y esmero, no rutinariamente, a su bebé; el labrador que disfruta preparando la tierra para la siembra o el estudiante que intenta asimilar, no solo memorizar, un texto, etc.  Todos ellos, de alguna manera están creando.

            Otra actitud positiva ante la vida es el servicio. Todos  nacemos con la semilla del cuidado, que puede evolucionar hacia un sentimiento auténtico de preocupación por los demás. Lo que nunca podremos negar es la presencia del “otro”, para bien o para mal. Ser adulto también es tener en cuenta a los demás y sus necesidades. Esto se puede ejercer con los más próximos (un padre, un hijo, un hermano, etc.) o bien de forma altruista y solidaria ante una causa ajena: una ONG. De alguna manera el “ayudador” o cuidador encuentra el sentido a su vida en la misma acción de ayudar o cuidar.

            Por último, V. Frankl indica que amar o sentirse amado puede constituir el motor de la existencia y puede dar sentido a la vida. Así se pone de manifiesto en la novela del brasileño Paulo Coelho, titulada "Verónika decide morir". La joven protagonista de la historia, en su carrera hacia la muerte es cuando descubre la vida. Es en ese "resbalarse por el abismo de la vida" (que diría Freud) donde experimenta placeres antes insospechados. Verónika decide vivir plenamente los pocos días que la quedan cuando encuentra a una persona, que la valora y la acepta tal como es; es decir, encuentra el placer de vivir cuando descubre el amor de Eduard. En el fondo, el relato da cumplida respuesta al interrogante: ¿por qué no me suicido?

Tú respuesta

            Durante el desarrollo de algún Taller o seminario sobre la conducta suicida, en ocasiones, me he parado y he preguntado a la audiencia: ¿Y Vds. por qué no se suicidan? No como una incitación a la muerte, sino todo lo contrario, para que pensaran sobre sus enganches a la vida. A veces, tras esa pregunta se podría sentir un silencio angustioso y tenso.

Tú, y yo, amable lector, posiblemente también tengamos "nuestra" contestación a la pregunta con que comencé este artículo

Por esto, según esta reflexión, el ayudador o psicoterapeuta la gran pregunta que debe explorar, no es tanto ¿por què se quiere suicidar? (hastío de la vida, culpa, no ser una carga para la familia, etc.), sino más bien la pregunta fundamental es : ¿qué es lo que te engancha a la vida? Es decir, lo más importante no son las razones para morir, sino las razones para vivir.

Elisabeth Lukas (2006) alumna de V.Frank sintetiza magistralmente estas ideas con este pensamiento: “La logoterapia se diferencia de la psicoterapia tradicional, pues ésta está preocupada en buscar los motivos por los que la persona dice “no” a la vida, y sin embargo, la logoterapia se preocupa de buscar un “sí” a la vida a pesar de la adversidad”.

Bibliografía

 

Gilles Lipovetsky, (1986). La era del vacío. Barcelona: Anagrama, p. 9

Lukas, E. (2006). También tu vida tiene sentido. México: LAG. p. 40